viernes

El hijo de la luna

Aquella luz brillante, blanco-azulada, creando un perfecto contraste sobre el oscuro manto que conformaba el cielo nocturno, aquella cara que le miraba comprensiva, le había cautivado desde que era un crío, casi había aprendido antes a mirarla, que a leer, y eso que aprendió esto ultimo a la corta edad de 3 años, y desde ese instante ellas, las palabras, fueron sus mejores amigas, así como la luna fue su madre, cómplice y protectora. Sentía, que si ella le miraba o le sonreía, nada podría pasarle. Creció amándola, saludándole, brindando a su salud, si conseguía una conquista, era para ella, si algo le salia mal, era porque ella había cerrado sus ojos.

Uno de esos fatídicos momentos en que Luna había cerrado sus luminosos ojos argentados, el murió, algo salió mal, una carretera, un neumático, un STOP, algo de alcohol, y una ambulancia que no llegaba. Su último pensamiento fue: madre, por qué me has abandonado? y creyó que ella le respondía diciéndole, siempre fuiste un ciego, un necio y un ignorante, viviste bajo mi protección, muere ahora con la sabiduría y la certeza de que ni un solo instante me sentí honrada. que tanto tu, como todos tus hermanos fuisteis mi condena, me llevasteis a la locura, pues enloquece y muere tu ahora.

Los testigos dijeron que cuando el alma salió de su boca, solo se escuchó el llanto desconsolado del que se sabe perdido y abandonado.

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