Homer J. Simpson, todos conocemos a ese personaje, el estereotipo del hombre común de la calle, el necio elevado a su máximo exponente. Pues eso es ni mas ni menos, sino la necedad total y absoluta elevada a cotas estelares. Yo, como casi cualquiera he visto esa serie, y debo confesar que ha habido momentos en los que he disfrutado enormemente con ella, con sus puntos de ácido humor, e incluso ha habido momentos que he visto mi entorno, y las caras de los personajes se tornaban conocidas, familiares, amigos, profesores...
Y es que la sociedad "americana" y la nuestra propia, no son tan diferentes, si obviamos, por supuesto, que nosotros no llevamos armas en el cinturón, y no practicamos, ni hacemos apología de la brutalidad máxima, de lo que considero que es la pena capital.
En todas partes existen Homer Simpson incluso en las más altas esferas de la cultura, pues para bien o mal, en todos y cada uno de nosotros se ubica ese bufón calvo que dirige la seguridad de una central nuclear, ese necio traga birras y come panceta, cuya máxima aspiración y felicidad es tener surtida su nevera, y que su familia le honre. Unos deseos que en el fondo casi todos buscamos, estabilidad, prosperidad, familia, pero lo malo es que ese Homer Simpson de cada uno de nosotros mismos, casi siempre se niega a escuchar los consejos, a aprender. Es una esponja, pero no una esponja de conocimiento.
No obstante, y por suerte, también tenemos dentro a la pequeña Lisa Simpson, la respuesta de la mente a la pregunta que nadie ha formulado. La inconformista, la pensadora oprimida por los cánones y convencionalismos del ciudadano medio, y su mente colectiva formada por la sociedad. ¿Qué puede hacer esa pequeña niña de ocho años, con mente super desarrollada, si nadie la escucha? simplemente, no desfallecer, no dejar de luchar, de gritar, de intentar que la gente la escuche. Y es que muchas veces la sabiduría procede del más pequeño entre nosotros, pero somos tan grandes, fuertes y llenos de la seguridad alcohólica que nos da la cerveza y la autoridad de la edad, que obviamos lo que dice, y seguimos creyéndonos superiores, demostrando a las demás Lisas Simpson, lo necios y ciegos que somos.
Así que por favor, si habéis leído este ínfimo artículo, escrito por alguien pequeño, si creéis que es posible que tenga razón pensad por vosotros mismos y escuchad, escuchad siempre porque hasta el más insignificante y pequeño de nosotros tiene algo que decir que puede sernos muy útil en el arduo camino que conforma nuestra tumultuosa vida.
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