Tarde, así había llegado a su mundo,
Agónico y esperpéntico, sordo y mudo.
Quería saborear su propio conocimiento
urdiendo planes maestros, para volar.
Intentando levantar el vuelo, desde los cimientos.
Convencido que ella estaba en su tejado.
Acelerando a cada aleteo su corazón rajado,
raído por el tiempo, y queriéndola al fin encontrar.
Donde una vez estuvo él, ponerla a ella,
increíblemente sabia, prístina y bella,
Alegría de sus días, y consuelo en su vida.
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